La ética del intérprete de la vida
Ensayo • Mayo 2026La música y la filosofía las concibo como dos herramientas importantes y, en suma, necesarias, para el bienestar humano; para hacer más llevadera la vida, para hacerla menos pesada.
Quien ha hecho filosofía, como se puede apreciar a lo largo de su historia, la ha hecho encaminada para resolver un problema de la existencia, o quizá para complicarla aún más, pero es claro que su propósito de fondo es desactivar aquello que ocasiona un lastre para el ser humano. Piénsese en cualquier filósofo de la corriente que profese. No habrá alguien, seguramente, que ante una problemática de la existencia no haya hecho el menor guiño filosófico para resolver el problema en cuestión. Si no, ¿a qué hacer filosofía si no es para encontrar una solución en la vida de cualquier hombre?, ¿a qué despertar el pensamiento si sólo se pavonea en lo que carece de importancia y trascendencia para el género humano?, ¿acaso en la frivolidad misma cabe el pensamiento?
Si el hombre de pronto cae, el pensamiento se pone de pie, justo cuando surge una inquietud, una preocupación, cuando el hombre se avergüenza de lo que ha hecho, de lo que no hace, o no puede hacer. ¿Acaso no la filosofía nace por el asombro que sale a nuestro paso? ¿Acaso habrá alguien que haga filosofía para empantanar aún más el lado fangoso de la existencia? ¿Quién se proclamará a nombre de la destrucción humana, y peor aún, que lo haga a nombre de la filosofía?
Asimismo, quien hace música la hace para el gozo de la gente. Un gozo que se debe sentir hasta las entrañas de uno mismo, en la individualidad de cada hombre. ¿Habrá alguien que diga que escucha música para sentir dolor, para sentirse mal? ¿Habrá alguien que diga que hace música para hacer un daño a la humanidad?
Ahi donde hay música debe haber una propuesta en favor de la integridad humana. Ahi donde hay música hay un hombre que quiere expresarse, que quiere salir y encontrar un vínculo profundo consigo mismo y con otro hombre. El papel de hacer o escuchar música debería ser el de reencontrar al hombre que somos.
No sé hace música únicamente para quien la hace, es decir, para que no sea conocida por nadie más. La música sale del compositor, sí, pero para que su trabajo se complete, su espíritu debe salir transformado al exterior en su composición, y así encontrar vasos comunicantes en la conversión de los espíritus de otras personas.
Quien escucha música la escucha para sí mismo. El escucha es la segunda persona a la que llega la composición. El trabajo del espíritu del compositor como primera persona termina en la recepción del espíritu del oyente. Ese es su propósito. La musica nació para hermanarse con los espíritus de otros hombres.
¿Qué sentido tiene una silla si nunca nadie se sienta en ella, si nadie la usa? ¿Qué sentido tiene una composición musical si nadie se ocupa de ella, si nadie la conoce? Las cosas fueron diseñadas para el uso del consumo humano. Sin el uso adecuado de las cosas, las cosas pierden su sentido principal de ser las cosas a las que están destinadas.
Así pues, en el fondo de hacer música hay un espejo que refleja a otro hombre, ese otro es aquél que se refleja de algún modo en la música que escucha. Por esta razón, la hechura de la música es la hechura de un tipo de hombre. Si ser un tipo de música es un tipo de ser hombre, entonces el hombre no está sólo si se conecta con la música de su agrado, porque en tal momento ese hombre es la compañía de sí mismo.
Un hombre que se hace música es un hombre divido en dos: en la música del hombre y en el hombre de la música. El compositor y el oyente se fusionan en un encuentro íntimo donde finalmente el oyente es parte integral de lo que escucha, por lo tanto, de sí mismo.
Darío Yaparié